domingo, 5 de agosto de 2012

El Secreto del Papiro (Capítulo 8 parte I)


Los intentos en la universidad les habían conducido a un callejón sin salida. Algunos estudiantes se habían cruzado en el camino con la joven que buscaban, pero no podían facilitar más información al respecto, ya que nadie la conocía. Sólo uno de ellos comentó que creía haberla visto visitando al viejo profesor, pero en secretaría les informaron que se encontraba enfermo y llevaba unos días sin acudir a su despacho.
-Tal vez sea hora de hacerle una visita al señor Adams.
-Está bien jefe. Averiguaré su dirección y veremos que sabe.




Había sido un día agradable. Por un momento, Silvia consiguió olvidarse de todos los problemas actuales y disfrutar de los recuerdos de infancia junto a Jack.

-Todavía recuerdo las fiestas de verano, cuando nos escapábamos juntos y nos perdíamos entre la gente que escuchaba la música en directo en el parque de la calle este.- Comentó Jack con su mirada perdida en el tiempo.
-Si. Yo deseaba que llegara ese momento para estar contigo, pero cuando tus padres abandonaban el baile siempre tenías que irte con ellos.
-Y como odiaba yo ese momento. Mi chica se quedaba allí y me ponía celoso sólo de pensar que algún otro viniese en mi ausencia.
-¿Serías tonto?- contestó Silvia entre risas- Yo te hacía creer que me quedaba para ver si de esa manera conseguía que tú también lo hicieses, pero cuando tú te ibas y ya no te veía, no había nada que me retuviese allí y regresaba a casa esperando que llegase la tarde siguiente para verte.
-Pues ya podías haberlo dicho antes nena, no me quitó ese pensamiento noches de sueño entonces.- y rompió a reír a grandes carcajadas ante la confesión de su compañera.
-¿Cuál es tu recuerdo favorito?- preguntó ella algo tímida.
- A ver, déjame pensar… Son tantos los que tengo de esa época, pero si tengo que decidirme por uno, creo que sería el del verano en que fuimos por primera vez a la piscina, ¿lo recuerdas?- preguntó él con una amplia sonrisa en los labios.
-Por supuesto que lo recuerdo, es difícil de olvidar- contestó ella mientras sus mejillas adquirían un dulce color rojo ante el recuerdo.
 -Si. Para mi fue el momento más mágico entre nosotros. Juntos, solos los dos, apartados en el rincón más lejano y ese beso, ese beso fue…
-Calla. Yo también lo recuerdo. Nunca supe que pensaste de aquello y yo me moría de la vergüenza porque no podía parar de pensar si te había besado correctamente o no.

-Nena, te aseguro que fue el mejor beso que nunca me dieron, pero si tan insegura estás de ello podemos repetir ahora mismo y te diré si tus besos han mejorado con los años.- Contestó Jack mientras se acercaba lentamente hacia ella.
Silvia se encontraba perdida entre el recuerdo y el brillo de los ojos de Jack mirándola de esa manera, con deseo, pero su pensamiento viajó un poco en el tiempo y los recuerdos dolorosos la trajeron al presente, rompiendo la magia que se había instalado entre ellos.

-¿Por qué Jack?- preguntó mientras retiraba un poco su silla de la mesa y se encaminaba a la habitación.
-¿Por qué?- contestó él mientras la alcanzaba junto a la puerta.
-Si. Por qué te fuiste. Por qué no confiaste en mí. Todavía me pregunto tantas cosas respecto a ello. Quise explicarte pero no quisiste escucharme. Lloré, supliqué, incluso le pedí a Robert que hablase contigo, pero tú no quisiste oírme, sólo diste media vuelta y te fuiste para siempre, dejándome allí sola.

Los ojos de Silvia se volvieron borrosos mientras intentaba contener las lágrimas que amenazaban con aflorar. No quería llorar, no delante de él y después de todo este tiempo, pero el recuerdo de lo que no pudo ser todavía era amargo.
Jack desvió la mirada hacia la oscura noche. Su mandíbula se puso tensa antes de contestar a su pregunta.

-No sabes cuantas noches me he hecho la misma pregunta amor ¿Por qué no creí en ti? Y no sabes las otras tantas que he pasado en vela arrepintiéndome de ello. Cuando tiempo después supe la verdad quería gritar, romper todo lo que estaba a mano, pero no tuve valor para buscarte. Pensé que ya te habrías olvidado de mi. Tantas veces me he preguntado que habría pasado si no me hubiese ido. Tantas veces me he vuelto a preguntar como hubiese sido lo nuestro, que ya he perdido la cuenta. Silvia ¿tú te lo has preguntado alguna vez?
-Más de las que puedas creer, te lo aseguro.- y sin querer mirarle a los ojos abrió la habitación dejando a Jack en la entrada, sólo.
  
-Silvia, te he echado tanto de menos. He soñado tantas noches con tenerte entre mis brazos y hacerte olvidar el daño que te hice.- contestó mientras entraba en la habitación detrás de ella.
-Detente. No quiero que vuelvas a hacerme daño. Ya destrozaste mi corazón una vez y no quiero que la historia se repita, no sería justo.
Jack cerró la puerta tras de si y avanzó despacio hacia ella.

-No quiero hacerte daño cielo. Solo quiero darte lo que entonces no te di- y tras sus palabras abrazó a Silvia con fuerza mientras fundía sus labios con los de ella en un duro beso. Silvia se dejó llevar y abrió su boca para él. Los pensamientos racionales la habían abandonado y su lado irracional quería más y más. Deseaba, anhelaba sentir sus labios contra su boca, sus manos acariciando su cuerpo y, sin ser consciente de sus actos, levantó los brazos hasta rodear el cuello de Jack y perder sus dedos entre su pelo mientras él profundizaba más el beso y dejaba caer sus manos acariciando en su bajada cada parte de su cuerpo.

-Oh Jack- alcanzó a decir mientras él la arrastraba entre sus brazos a la cama.
-Shuuu, nena. He soñado contigo cada noche desde entonces- y sin dejar de besarla se quitó la camisa y bajó la cremallera del vestido de Silvia. Lentamente la tendió sobre la cama mientras él se quitaba el resto de la ropa y dejaba caer los zapatos de ella junto a los suyos.
-No digas nada, sólo siente. Siente lo que yo llevo sintiendo de nuevo desde que volví a verte esa mañana en la puerta de la oficina del profesor. Algo que pensé que estaba olvidado, pero me di cuenta de que no era así. Siente como tu cuerpo responde al mío, cómo tu piel desea el contacto con la mía ¿no lo ves amor?- declaró dulcemente mientras dejaba un reguero de besos según ascendía por su cuerpo hasta estar de nuevo frente a frente.- déjame saborear el dulce aroma de tu piel que me hace desearte cada noche más y más.

Sus fuertes manos rozaban con cuidado su tersa y dulce piel mientras desabrochaba el sujetador y deslizaba los tirantes por sus hombros. –Déjame verte en todo tu esplendor nena. Eres tan bella.
Volvió a buscar su boca con desesperación en un beso abrasador, intenso, posesivo que pudo con las últimas defensas de Silvia.

La colocó de espaldas mientras retiraba su boca para poder contemplarla así, dulce, hermosa. Su pelo caía en cascada sobre la almohada y el brillo de sus ojos le decía cuan grande era el deseo que ella también sentía por tenerlo.
-Si pudiera elegir, me quedaría con esta foto tuya para siempre- murmuró mientras la contemplaba.

 Silvia se encontró con su mirada y dejó de pensar en nada más.
-Si vamos a hacer esto, deja que lo hagamos a mi manera- contestó ella mientras se giraba en la cama y se colocaba sobre él.
-Quiero saborearte entero.
-Nena, soy todo tuyo y acepto propuestas para satisfacer el servicio.

Silvia depositó un reguero de besos por su cuello mientras su lengua descendía poco a poco hacia su hombro. Siguió dejando besos por toda su piel, deleitándose con su sabor hasta llegar a uno de sus pezones que besó y mordisqueó a placer.

-Oh amor. Me estás llevando al paraíso- susurró Jack.

Le llegó el turno al otro pezón que lamió ya sin ningún reparo y descendió con su lengua por la línea del ombligo.
Jack acariciaba su cabello con los dedos mientras ella bajaba un poco más.

-No se cuanto tiempo aguantaré si sigues así nena.
 Envalentonada por las reacciones de Jack, decidió dejar atrás la timidez y dar rienda suelta a sus más profundos instintos.

Su boca besó inocentemente su ingle y con la lengua empezó a acariciar su duro miembro, recorriendo cada parte, mordisqueando su bolsa cargada y volviendo a ascender hasta la punta húmeda de su masculinidad. Sin previo aviso para él, la introdujo en su boca para saborearlo mejor.

-Nena, creo que he muerto y estoy en el cielo- susurró mientras se incorporaba y sujeta entre sus brazos a su pequeña leona.- Ahora es mi turno.

Como ella había hecho antes, él también dejó un reguero de besos por su cuello, mordiendo suavemente la parte donde sentía su pulso acelerarse.
Sus pechos, como pequeñas montañas esculpidas por la mano divina, llenaron toda su atención, excitando, mordiendo, lamiendo los pezones duros y provocadores. Con cada caricia de su lengua, Silvia experimentaba nuevas sensaciones que la estaban llevando al límite.

 Él descendió hasta su valle, depositando un gran número de besos a su paso hasta llegar a sentir su intimidad, húmeda y caliente, preparada para él.

-Si, por favor, libérame- pidió ella- no puedo seguir así.
Jack lamió, besó y chupó su clítoris una y otra vez mientras hundía un dedo dentro de su cuerpo.
-¡Oh si, si, por favor!- respondía ella a sus caricias.
La sentía apretada y mojada, y siguió torturándola con su ataque, volviendo a lamer el pequeño botón mientras otro dedo más se unía al que ya estaba dentro de ella.

-Vamos nena, córrete para mi- y aceleró el ritmo un poco más.
Silvia tembló. Se aferró a la cama mientras gritaba y su cuerpo explosionaba con la llegada del orgasmo, momento en el que Jack aprovechó para introducirse por completo dentro de ella.
-¡Dios nena! Estás lista para mi- y embistió una y otra vez con ritmo suave mientras sus bocas se encontraban de nuevo desesperadas por tenerse la una a la otra. Según crecía la intensidad de su beso, Jack penetraba más fuerte acelerando el ritmo de sus caderas, hasta que Silvia gritó de nuevo aferrándose a sus hombros mientras sentía un nuevo orgasmo con mayor intensidad.


Silvia se montó encima de él mientras su pelo se desplegaba por los hombros y marcaba su propio ritmo suave y decadente.
Jack acarició sus pechos disfrutando de la vista que su cuerpo le ofrecía.
-Sin duda, me quedo con esta foto. Estás tan hermosa- comentó él.

El ritmo se aceleró y Jack volvió a cambiar de postura dejándola de nuevo de espaldas mientras capturaba su boca. Gotas de sudor perlaban su frente mientras ambos aceleraban el ritmo buscando la liberación.

Sus caderas se movían al unísono, y su miembro cada vez más duro, entraba y salía hundiéndose de nuevo una y otra vez, acelerando más y más las embestidas hasta que juntos encontraron el orgasmo. Gritaron mientras estallaban y Jack depositaba su semilla dentro de ella. Agotados, la abrazó y depositó un tierno beso en su coronilla.
Silvia no tenía fuerzas para hablar ni para pensar, ya habría tiempo después para los remordimientos, si es que los había. Entre sus fuertes brazos se quedó dormida.
-Descansa amor. Te prometo que voy a cuidar de ti y volveré a ganarme tu confianza- susurró mientras la contemplaba. Después, apagó la luz y cerró los ojos.

1 comentario:

  1. madre miaaaaaaaaaaaaaaa quiero un jack para miiiiiiiiiiiiiiiii

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